Frente del Pallars,
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Inmediatamente después de la rebelión militar, el 18 de julio de 1936, las fuerzas triunfantes de Aragón y Navarra, por un lado, y de Cataluña, por otro es decir, los “nacionales” o franquistas, de una parte, y los republicanos o “rojos”, de la otra se encontraron cerca de Huesca, Zaragoza y Teruel. Se estableció así una línea de frente que iba de norte a sur de todo Aragón y que no se alteró sustancialmente hasta marzo de 1938.
En ese momento, el ejército franquista inició la ofensiva que, con la ocupación de Vinarós y la llegada al mar, aisló Cataluña del resto de la República y estableció un nuevo frente que, en lo que respecta a Cataluña, se extendía, de norte a sur, paralelo al río Noguera Pallaresa, al río Segre y al río Ebro.
La ofensiva franquista sobre todo el frente aragonés constó de dos maniobras perfectamente definidas: la primera, que comenzó el 3 de marzo, sobre el sector sur del Ebro, y la del día 23 del mismo mes, al norte del Ebro. En esta última participaron, entre otros, las fuerzas del Cuerpo de Ejército de Navarra, formadas por la 3ª, 61ª, 62ª y 63ª División, que fueron las unidades que ocuparían, a primeros de abril, las comarcas del Pallars.
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La Ocupación en el Pallars
El día 6 de abril de 1938 las tropas franquistas procedentes del Puente de Montañana ocuparon los pueblos de Sant Adrià, Claret, Puigverd, Fígols y Talarn, al mismo tiempo que cruzaron al otro lado del pantano de Sant Antoni y ocuparon la central hidroeléctrica de Talarn.
En la madrugada del día 7, ocuparon Tremp y con camiones requisados formaron dos columnas que siguieron la carretera y llegaron por el sur hasta el paso de Terradets, y por el norte hasta La Pobla de Segur, consiguiendo así el control de todas las centrales hidroeléctricas de la zona.
Los días siguientes las unidades franquistas prosiguieron la ocupación en dos direcciones: hacia el norte, en dirección a la Vall d’Aran, y hacia el este, atravesando la Conca, utilizando como eje la carretera de Tremp a Artesa de Segre, ampliando el puente de punto estratégico al otro lado del río Noguera Pallaresa.
El establecimiento de la línea del frente
Las tropas franquistas no continuaron entonces su ofensiva y progresión hacia el valle del Segre y se quedaron en el Pallars, situándose en los picos próximos paralelos al río Noguera. Allí se atrincheraron y permanecieron lo que quedaba de 1938 y del enero hasta marzo de 1939. En la Conca, esta línea del frente se estableció en un terreno más plano, pero aprovechando también las posibles ventajas del terreno. El frente pallarés quedó establecido en una línea que comenzaba en Terradets y pasaba, en el primer sector, de sur a norte por la sierra del Cucut, la Campaneta, Porredó, Mont de Conques, Sant Corneli, Roc de Pessonada, y Llania. Todas esas posiciones estaban ocupadas por las tropas de la 63ª División, al mando del general Tella, cuyo cuartel general estaba en La Pobla de Segur.


Los combates
El día 22 de mayo el Ejército Republicano dio inicio a una formidable ofensiva a casi lo largo de todo el frente, y se produjeron combates terribles en muchos puntos de la línea. Así lo reflejan los partes diarios de operaciones de las divisiones franquistas.
Esos combates encarnizados de finales de mayo no llevaron a ninguna victoria ni ganancia territorial significativa para las tropas republicanas, aunque se convirtieron en símbolo de enfrentamientos sangrientos y absurdos en lugares hasta entonces poco conocidos, como las Pedres d’Auló o Sant Corneli.
La ofensiva final sobre Cataluña
Al llegar el 23 de diciembre comenzó el ataque franquista en todo el frente de Cataluña, operación que llamaron:
«la ofensiva final sobre Cataluña«
– es decir, desde Tortosa a Lleida y hacia arriba hasta alcanzar la vall de Barcedana, que era la parte más al sur del frente pallarés.
Al finalizar el día 23, las posiciones republicanas de la sierra del Cucut ya estaban en manos franquistas. Los días 26 y 27 ocuparon el cap de Comiols y comenzaron el descenso hacia el valle del Segre. El 23 de enero se empezó a mover parte del frente pallarés.
Al sur ocuparon Basturs, Isona y Sant Romà, continuando el avance hacia Bóixols. Ya entrado el mes de marzo se ocuparon sin mucha resistencia las valles de Cardós, Farrera y Àreu. Con eso la guerra se alejaba definitivamente de la comarca. Pocas semanas después, el 1 de abril de 1939, concluía la Guerra Civil.

Vida cotidiana en el frente
El establecimiento de la línea del frente en el Pallars durante casi nueve meses significó, sin duda, que la guerra vivida aquí fuera completamente diferente a la de los pueblos alejados del frente. Evacuaciones de personas que vivían en los pueblos próximos a la línea del frente; convoyes de suministros llevando munición y alimentos hasta las trincheras de primera línea; evacuaciones hacia el interior de España de personas cuyas tendencias políticas se desconocían; prohibición de la libre circulación por la comarca; etc. Estas fueron, entre otras, las circunstancias por las cuales los habitantes de los pueblos ocupados por militares y cercanos al frente tuvieron que pasar.
Un capítulo aparte representaron las vicisitudes que también vivieron una vez el frente se alejó: ganadería dañada, campos y bosques llenos de material sin explotar. Un hecho que supuso un peligro evidente los años posteriores a la guerra.
Los soldados republicanos
La mala alimentación, junto con la dureza de unas condiciones de vida extremas, hizo que muchos de los combatientes republicanos, destinados al Pallars, tuvieran problemas de salud. Muchos de los soldados sufrían dolencias reumáticas y respiratorias por haber soportado horas y días expuestos al tiempo y bajo la lluvia, mientras permanecían en las posiciones más avanzadas del frente. Otros, que habían contraído el paludismo en el frente de Aragón, estaban extremadamente debilitados debido a las fiebres que la enfermedad les provocaba.
La atención sanitaria que los enfermos y heridos podían recibir era extremadamente precaria. Las pésimas condiciones higiénicas de los espacios habilitados como enfermería favorecían la propagación de infecciones. Los sanitarios veían dificultada su trabajo por la falta de instrumental y, sobre todo, de medicamentos.


Fortificación del ejército rebelde
El hecho de que haya un mayor número de fortificaciones rebeldes conservadas responde al hecho de que el ejército franquista dedicó más esfuerzo que el republicano a la realización de dichas construcciones. El ejército rebelde disponía de unidades de zapadores especializadas en este tipo de obras.
La enorme tarea fortificadora rebelde puede seguirse desde mayo de 1938 y fue especialmente intensa en los momentos en que no había combates. Con la llegada de los primeros fríos del otoño-invierno de 1938, las condiciones de vida en las trincheras se volvieron más duras. El trabajo en las fortificaciones también se vio afectado por condiciones meteorológicas adversas que dificultaban su realización.
La población civil
La Vall Ferrera y la Vall de Cardós, tras el establecimiento del frente, quedaron bajo control de las tropas republicanas. Algunas poblaciones tuvieron que ser evacuadas por el riesgo que corría su gente de ser atacados tanto por la artillería rebelde como por la republicana. Este fue el caso de Ribera de Cardós, que quedó en tierra de nadie; de Tírvia, que se convirtió en posición republicana; o de Farrera, que por su situación geográfica sufría los ataques de la artillería rebelde. Muchos de los evacuados buscaron refugio en pueblos cercanos, alejados del frente, otros se desplazaron a Francia o a Aragón tras cruzar las líneas franquistas.


El exilio
La ruptura del frente de Aragón, en marzo de 1938, comportó el avance de las tropas rebeldes hacia Cataluña. Previo a ese avance hubo una ola de desplazados huyendo de los combates.
Con la caída de Lleida el 3 de abril, la ola de personas desplazadas también se dirigió al Pallars. Entre el 7 y 8 de abril, más de trescientas personas cruzaron la frontera por los puertos pallareses huyendo del avance de las tropas franquistas. Había población civil aragonesa que había salido de sus pueblos antes de que éstos fueran ocupados, y soldados republicanos en retirada también se añadieron, así como gente del Pallars.
Las deportaciones en Aragón
La población civil que permaneció en el Pallars después de la ocupación del territorio por parte de las tropas rebeldes, sufrió una fuerte represión que provocó el asesinato de 72 personas y la deportación de muchas más hacia Aragón.
Se desconoce el número exacto de deportados y las fechas de estos traslados forzosos de población. Todo parece indicar, pero, que la mayoría fueron ejecutadas en mayo de 1938 y que la destinación fueron pueblos de la província de Huesca como Tormos o Ayerbe.

Los pueblos
Con la ocupación de los Pallars y la estabilización del frente, cada pueblo vivió circunstancias distintas según la zona en la que estaban. Los pueblos con presencia de soldados (republicanos o rebeldes), tuvieron que adaptar su rutina a la nueva situación. Aquellos muy cerca del frente fueron evacuados. A continuación se presentan cuatro poblaciones que ejemplifican diferentes situaciones vividas en el Pallars Jussà y en el Pallars Sobirà:



